Esta obra está inspirada en la sensación de observar el horizonte después de una tormenta: ese instante en que el azul profundo del cielo vuelve a abrirse paso entre velos de niebla y destellos dorados que emergen como luz renovada. Las texturas y superposiciones de pigmentos recrean la vibración del viento y la humedad del ambiente, invitando a una respiración más lenta y expansiva. En esta pieza trabajé conscientemente la transición entre densidad y transparencia, buscando provocar en el espectador la misma regulación y claridad interna que siento al contemplar un paisaje que se reconstruye tras el movimiento del agua y del aire.
Mediante capas superpuestas y texturas que evocan la mezcla de bruma marina, sal y el acantilado que hace tan único este lugar.