El rojo activa el chakra raíz: estimula la circulación, aporta calor y nos enraíza en el presente. Representa fuerza vital y seguridad en la sociedad.
Del rojo surge el verde, ligado al chakra corazón: calma, equilibra y abre al amor. Es el color de la vida, la esperanza y la sanación.
Entre ambos colores, el cuerpo encuentra ritmo y armonía.
Nos recuerdan que somos parte de un sistema vivo donde todo se nutre y se renueva, y que basta respirar y agradecer para reconectar.